Tejeringos
Los tejeringos son uno de los desayunos más tradicionales de Málaga y una auténtica joya de la gastronomía andaluza. Aunque muchas personas los confunden con los churros, su masa es más ligera, fermentada y con una textura más aireada, lo que les da ese interior tierno y exterior crujiente tan característico. Suelen prepararse en forma de rueda o lazo y se disfrutan recién hechos, acompañados de café con leche o un buen chocolate caliente.
El origen de su nombre está relacionado con el antiguo “jeringo”, una especie de jeringa manual utilizada por los churreros para dar forma a la masa directamente sobre el aceite caliente. También conocidos como calentitos en algunas zonas, los tejeringos forman parte de la cultura popular malagueña desde hace generaciones. Esta receta tradicional casera conserva todo su sabor auténtico y permite disfrutar en casa de uno de los bocados más queridos de Andalucía.
Información de la receta
- Tiempo de preparación: 20 minutos
- Tiempo de cocinado: 20 minutos
- Tiempo total: 1 hora
- Raciones: 4
- Categoría: Desayuno
- Tipo de cocina: Española
- Calorías por ración: 350 kcal
Ingredientes
- 500 g de harina de fuerza
- 600 ml de agua templada (máximo 45 ºC)
- 25 g de levadura fresca de panadero o 8 g de levadura seca de panadería
- 10 g de sal fina
- Aceite de oliva suave abundante para freír
Para servir (opcional)
- Azúcar al gusto
- Chocolate caliente
- Café con leche
Como hacer tejeringos
- Preparar la base de la masa: Coloca la harina en un bol grande o en el recipiente de la amasadora. Disuelve la levadura fresca en una pequeña parte del agua templada y remueve hasta integrarla por completo. Si usas levadura seca, puedes añadirla directamente junto con la harina. Incorpora el resto del agua poco a poco mientras mezclas con una cuchara de madera o una espátula resistente. Es fundamental que el agua no supere los 45 ºC, ya que una temperatura más alta inutiliza la levadura y la masa no fermentará correctamente.
- Añadir la sal y trabajar la masa: Cuando todos los ingredientes estén bien unidos, añade la sal y continúa removiendo hasta conseguir una masa fina, elástica, pegajosa y bien ligada, sin grumos. Es importante incorporar la sal después de la levadura y no al principio, ya que el contacto directo puede afectar la fermentación. La masa no debe quedar dura como una masa de pan, sino más blanda y algo chiclosa, ya que esa consistencia permite trabajarla correctamente con manga pastelera o churrera. Si quieres una textura aún más tradicional, puedes sustituir una pequeña parte de la harina por harina de freír, ya que antiguamente se utilizaban harinas más bastas que dejaban un resultado más crujiente.
- Dejar fermentar la masa: Cubre el bol con film transparente o con un paño limpio de cocina y deja reposar la masa hasta que doble su volumen. Dependiendo de la temperatura ambiente, este proceso puede tardar entre 30 minutos y 1 hora aproximadamente. No conviene apresurar este paso, porque una buena fermentación es la que aporta a los tejeringos su textura ligera y aireada, diferenciándolos de otros tipos de churros más densos.
- Preparar la churrera o manga pastelera: Cuando la masa haya fermentado, remueve ligeramente para sacar parte del exceso de aire y pásala a una churrera, una manga pastelera resistente o una pistola de galletas con boquilla rizada o especial para churros. Nunca debe usarse una boquilla lisa, ya que la forma estriada ayuda a que la masa se fría correctamente y evita que pueda explotar en el aceite caliente, algo peligroso en este tipo de recetas. La masa debe utilizarse recién hecha, ya que no conviene guardarla ni congelarla como ocurre con otras masas de churros.
- Calentar el aceite correctamente: Pon abundante aceite de oliva suave en una sartén amplia y profunda y caliéntalo a fuego medio-alto. El aceite debe estar bien caliente, alrededor de 180 ºC, pero sin llegar a humear. Si el aceite está demasiado frío, los tejeringos absorberán demasiada grasa; si está excesivamente caliente, se dorarán demasiado rápido por fuera y quedarán crudos por dentro. Para comprobar el punto correcto, deja caer una pequeña porción de masa: si sube rápidamente a la superficie y empieza a freírse sin aplastarse, ya está listo para comenzar.
- Formar y freír los tejeringos: Forma ruedas circulares, lazos o espirales directamente sobre el aceite caliente, superponiendo ligeramente el final sobre el inicio para cerrar la forma tradicional. No te preocupes si no quedan perfectos, porque los tejeringos caseros suelen ser irregulares y precisamente ahí está parte de su encanto. No frías demasiados a la vez para evitar que baje la temperatura del aceite. Dales la vuelta con ayuda de pinchos largos de madera, palillos resistentes o unas pinzas cuando estén dorados por un lado, y deja que se terminen de cocinar por el otro hasta conseguir un color dorado uniforme y una textura crujiente.
- Escurrir y servir calientes: Retira los tejeringos del aceite y colócalos sobre papel de cocina absorbente para eliminar el exceso de grasa. Deben servirse inmediatamente, todavía calientes, porque recién hechos conservan su mejor textura: crujientes por fuera y tiernos por dentro. Puedes espolvorearlos con azúcar si te gustan más dulces, aunque tradicionalmente se disfrutan acompañados de un buen chocolate a la taza espeso o de un café con leche recién hecho, como en las churrerías andaluzas de toda la vida.