Pan chapla
Si buscas preparar un auténtico pan chapla, esta receta te permitirá disfrutar en casa de uno de los panes más tradicionales del Perú. Originario de Ayacucho, este pan plano destaca por su corteza fina, su miga suave y su delicado aroma a anís, características que lo han convertido en un alimento imprescindible de la gastronomía andina desde hace generaciones. Su nombre proviene del quechua y hace referencia a su forma achatada, mientras que su elaboración artesanal conserva técnicas transmitidas de familia en familia. Con ingredientes sencillos y un proceso accesible, podrás obtener un pan peruano de sabor auténtico y gran calidad.
El pan chapla es perfecto para el desayuno, la merienda o para acompañar cualquier comida. Tradicionalmente se disfruta con mantequilla, mermelada, palta o queso fresco, aunque también es ideal para preparar deliciosos sándwiches. Gracias a su textura ligera y a una receta elaborada con ingredientes básicos, es una opción casera y saludable frente a muchos panes industriales. Anímate a preparar este clásico de Ayacucho y descubre por qué sigue siendo uno de los panes más queridos del Perú.
Información de la receta
- Tiempo de preparación: 2 horas y 15 minutos
- Tiempo de cocinado: 8 minutos
- Tiempo total: 2 horas y 23 minutos
- Raciones: 12 panes
- Categoría: Pan
- Tipo de cocina: Peruana
- Calorías por ración: 215 kcal
Ingredientes
- 500 g de harina panadera o harina de fuerza
- 320 g de agua
- 50 g de azúcar
- 6 g de sal
- 5 g de levadura seca instantánea
- 35 g de manteca vegetal (o aceite vegetal)
- 4 g de semillas de anís
Como hacer pan chapla
- Preparar la infusión de anís: Calienta el agua hasta que esté a punto de hervir. Retírala del fuego, añade las semillas de anís, tapa el recipiente y deja reposar durante 10 minutos para que el agua absorba todo su aroma. Después, cuela la infusión y deja que se enfríe hasta quedar tibia, entre 30 y 35 °C aproximadamente. Este paso aporta un sabor mucho más uniforme y delicado que añadir el anís directamente a la masa, por lo que es el método más utilizado en las panaderías tradicionales.
- Mezclar los ingredientes: Disuelve el azúcar en la infusión tibia y añade la levadura seca. Deja reposar entre 8 y 10 minutos hasta que se forme una ligera espuma, señal de que está activa. Si utilizas levadura seca instantánea que no requiere activación, puedes incorporarla directamente junto con la harina. Coloca la harina y la sal en un recipiente grande, vierte poco a poco la mezcla líquida mientras integras todos los ingredientes y, cuando la masa empiece a unirse, incorpora la manteca vegetal o el aceite. Mezcla hasta obtener una masa homogénea, sin restos de harina seca.
- Amasar la masa: Amasa durante 10 a 15 minutos sobre una superficie limpia o con una amasadora hasta conseguir una masa lisa, suave y elástica. Evita añadir harina extra salvo que sea realmente necesario, ya que una masa ligeramente hidratada produce una miga más tierna. La masa estará lista cuando al estirar un pequeño trozo pueda formar una membrana fina sin romperse con facilidad, señal de que el gluten se ha desarrollado correctamente.
- Realizar la primera fermentación: Forma una bola con la masa y colócala en un recipiente ligeramente engrasado. Cubre con un paño limpio o plástico y deja reposar en un lugar cálido entre 60 y 90 minutos, o hasta que prácticamente duplique su volumen. Si la temperatura ambiente es baja, el tiempo de fermentación puede prolongarse. Para obtener un sabor más intenso, también puedes refrigerar la masa entre 12 y 24 horas y continuar la receta al día siguiente.
- Dividir y bolear la masa: Presiona suavemente la masa para eliminar el exceso de gas sin amasarla nuevamente. Divide en 12 porciones de aproximadamente 60 g cada una y forma bolas lisas tensando ligeramente la superficie. Colócalas sobre una bandeja ligeramente enharinada, cúbrelas con un paño y deja que reposen durante 15 minutos para que el gluten se relaje y resulte más fácil darles forma.
- Dar forma a las chaplas: Espolvorea ligeramente harina sobre la mesa y aplasta cada bola con la palma de la mano o con un rodillo hasta formar discos de unos 14 a 16 cm de diámetro y aproximadamente 1 cm de grosor. Procura no dejarlos demasiado finos para que desarrollen una buena miga durante el horneado. Coloca los discos sobre una bandeja para horno dejando un pequeño espacio entre ellos y cúbrelos nuevamente.
- Dejar fermentar por segunda vez: Deja reposar los discos durante 20 a 30 minutos, hasta que aumenten ligeramente de volumen. Mientras tanto, precalienta el horno a 240 °C con la bandeja de hornear en el interior para que acumule calor. Este detalle ayuda a que los panes inflen mejor durante los primeros minutos de cocción y desarrollen una corteza fina y ligeramente crujiente.
- Hornear y enfriar: Coloca cuidadosamente los panes sobre la bandeja caliente y hornéalos entre 6 y 8 minutos, o hasta que hayan inflado ligeramente y presenten un color dorado claro. El pan chapla tradicional no debe quedar demasiado oscuro, ya que su característica principal es una corteza fina con una miga suave y esponjosa. Si tu horno calienta menos, puede necesitar entre 8 y 10 minutos. Retira los panes y déjalos enfriar sobre una rejilla para evitar que la base se humedezca. Tradicionalmente se disfrutan con queso fresco, mantequilla, palta, jamón, chicharrón o simplemente acompañados de una taza de café, mate o té. En hornos de barro o de piedra adquieren además un ligero aroma ahumado y una corteza aún más crujiente, muy característica de las panaderías de la sierra peruana.