Rosquillas de anís
Hay dulces que nos transportan a la cocina de nuestras abuelas con solo percibir su aroma, y estas rosquillas de anís son uno de ellos. Con ingredientes sencillos como harina, huevos, leche, azúcar y anís dulce, puedes preparar en casa unas rosquillas de la abuela con ese sabor tradicional que nunca pasa de moda. La ralladura de limón aporta un toque cítrico que combina a la perfección con el aroma del anís, mientras que la levadura ayuda a conseguir una textura tierna y agradable. Son unas rosquillas caseras, económicas y fáciles de preparar, ideales para acompañar el café del desayuno o disfrutar de una merienda especial en familia.
Para elaborarlas, solo tienes que mezclar los ingredientes, dejar reposar la masa y dar forma a las rosquillas antes de freírlas en aceite caliente. El secreto está en controlar la temperatura para que queden doradas por fuera y esponjosas por dentro, sin resultar secas ni absorber demasiado aceite. Después, se rebozan en azúcar mientras todavía están calientes, consiguiendo ese acabado dulce tan característico de las rosquillas de toda la vida. Estas rosquillas fritas son perfectas para compartir en reuniones familiares, celebraciones y meriendas, y puedes conservarlas en un recipiente hermético para disfrutarlas durante varios días.
Información de la receta
- Tiempo de preparación: 40 minutos
- Tiempo de cocinado: 30 minutos
- Tiempo total: 1 hora y 10 minutos
- Raciones: 20 rosquillas aproximadamente
- Categoría: Postres y meriendas
- Tipo de cocina: Española
- Calorías por ración: 220 kcal
Ingredientes
- 500 g de harina de trigo común
- 3 huevos medianos
- 150 g de azúcar
- 60 ml de leche entera
- 50 ml de aceite de oliva suave
- 50 ml de anís dulce
- 1 cucharadita de anís en grano
- 16 g de levadura química en polvo
- 1 limón
- 1 pizca de sal
Para freír y rebozar
- 500 ml de aceite de girasol
- 80 g de azúcar
Como hacer rosquillas de anís
- Mezcla los huevos con el azúcar: Casca los huevos en un bol amplio, añade el azúcar y bate durante 2-3 minutos, hasta obtener una mezcla homogénea y ligeramente espumosa. No es necesario que triplique su volumen, pero batirlos bien ayudará a conseguir unas rosquillas más tiernas.
- Incorpora los ingredientes líquidos y los aromas: Añade la leche, el aceite de oliva suave, el anís dulce y la cucharadita de anís en grano. Lava el limón, sécalo y ralla finamente su piel, evitando la parte blanca para que no amargue. Incorpora la ralladura y la pizca de sal, y mezcla hasta integrar todos los ingredientes.
- Prepara la masa de las rosquillas: Mezcla la harina con la levadura química y añádela al bol en varias tandas, removiendo primero con una cuchara. Cuando la masa esté demasiado espesa para mezclarla cómodamente, continúa con las manos. Incorpora la harina poco a poco hasta obtener una masa blanda, ligeramente pegajosa, pero manejable. Los 500 g son una cantidad orientativa, por lo que puede que no necesites utilizarlos todos o que haga falta añadir una pequeña cantidad más, según el tamaño de los huevos y la capacidad de absorción de la harina. Evita agregar demasiada harina, ya que las rosquillas podrían quedar duras.
- Deja reposar la masa: Cubre el bol con film transparente o un paño limpio y deja reposar la masa durante 30 minutos a temperatura ambiente. Este tiempo facilita el formado de las rosquillas y permite que la harina se hidrate. No es necesario que la masa duplique su volumen, puesto que utilizamos levadura química y no levadura de panadería.
- Forma las rosquillas: Unta ligeramente las manos con aceite para evitar que la masa se pegue. Toma porciones de unos 30-35 g, forma pequeñas bolas y haz un agujero en el centro con el dedo. Estira suavemente la masa para agrandar el agujero, ya que las rosquillas crecerán durante la fritura y el centro podría cerrarse si queda demasiado pequeño. Procura que todas tengan un tamaño similar para que se cocinen de manera uniforme.
- Fríe las rosquillas: Calienta abundante aceite de girasol en una sartén honda o un cazo hasta alcanzar aproximadamente 170 °C. Fríe las rosquillas en tandas pequeñas durante unos 2 minutos por cada lado, hasta que estén doradas. Mantén el aceite a una temperatura moderada y constante para que se cocinen por dentro sin quemarse por fuera. Si se doran demasiado rápido, baja el fuego; si el aceite pierde temperatura, espera a que se recupere antes de añadir otra tanda.
- Escurre y rebózalas en azúcar: Retira las rosquillas con una espumadera y déjalas escurrir brevemente sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite. Mientras todavía estén calientes, pásalas por un plato con el azúcar y cúbrelas por ambos lados para que se adhiera bien. Después, déjalas enfriar sobre una rejilla antes de servirlas.
- Conserva las rosquillas correctamente: Cuando estén completamente frías, guárdalas en un recipiente hermético a temperatura ambiente para mantenerlas tiernas durante más tiempo. Puedes servirlas con café, leche o chocolate caliente.