Postre de Milo
Si buscas un postre cremoso, sin horno y con un sabor irresistible, este postre de Milo es una de las recetas más queridas de la repostería colombiana. Preparado con una suave crema de leche condensada, capas de galletas Ducales y abundante Milo en polvo, conquista por su textura delicada y su intenso sabor a chocolate maltado. Es una receta casera, perfecta para compartir en reuniones familiares, celebraciones o simplemente para disfrutar de un dulce diferente inspirado en la tradición de Colombia.
Además de ser un postre fácil y rápido de preparar, únicamente necesita unas horas de refrigeración para alcanzar su consistencia perfecta. Aunque las galletas Ducales y el Milo son los ingredientes más tradicionales, también es posible elaborarlo con alternativas similares si no los encuentras. Gracias a su sencillez, su excelente presentación y su delicioso equilibrio entre lo cremoso y lo crujiente, este postre se ha convertido en un clásico colombiano que gusta tanto a niños como a adultos y nunca pasa de moda.
Información de la receta
- Tiempo de preparación: 20 minutos
- Tiempo de cocinado: 10 minutos
- Tiempo total: 6 horas y 30 minutos
- Raciones: 8-10 porciones
- Categoría: Postre
- Tipo de cocina: Colombiana
- Calorías por ración: 465 kcal
Ingredientes
Para la crema
- 1 lata (397 g) de leche condensada
- 240 ml de crema de leche o nata para montar (mínimo 35 % de materia grasa)
- 240 ml de leche entera
- 30 g de maicena (fécula de maíz)
Para el armado
- 1 paquete (250-300 g) de galletas Ducales
- 120 g de Milo en polvo, más un poco adicional para decorar (opcional)
Como hacer Postre de Milo
- Preparar la base de la crema: En una olla mezcla la leche condensada con la crema de leche hasta que ambas se integren por completo. Aparte, disuelve la maicena en la leche entera fría, removiendo muy bien hasta que no queden grumos, ya que este paso es fundamental para conseguir una crema completamente lisa. Incorpora esta mezcla a la olla poco a poco mientras remueves constantemente con un batidor de varillas para que todos los ingredientes se integren de forma uniforme.
- Cocinar la crema hasta espesar: Lleva la olla a fuego medio-bajo y cocina sin dejar de remover, prestando especial atención al fondo y a los bordes para evitar que la leche se pegue o se queme. Cuando la mezcla comience a hervir suavemente, continúa la cocción durante 1 o 2 minutos más, hasta obtener una crema espesa, brillante y con una consistencia similar a una crema pastelera ligera. Retira del fuego y deja reposar unos 5 minutos para que pierda un poco de temperatura, pero procura utilizarla todavía caliente, ya que así las galletas comenzarán a absorber la humedad de manera uniforme.
- Formar las capas del postre: Extiende una fina capa de crema sobre el fondo de una refractaria para facilitar el montaje. Coloca una capa de galletas Ducales cubriendo toda la superficie y vierte encima una capa generosa de crema caliente. Espolvorea Milo de forma uniforme sobre toda la crema y repite el mismo procedimiento hasta terminar con los ingredientes. Lo más tradicional es terminar con una capa de crema cubierta con Milo. No es necesario humedecer las galletas previamente, ya que durante el reposo absorberán la humedad de la crema y adquirirán una textura suave. Si utilizas una refractaria pequeña y alta obtendrás más capas, logrando una presentación más atractiva y una mejor combinación de sabores en cada porción.
- Refrigerar hasta que cuaje: Cubre la refractaria con papel film o con una tapa y llévala al refrigerador durante un mínimo de 6 horas para que la crema termine de cuajar y las galletas se ablanden por completo. Aunque este tiempo es suficiente, el resultado mejora considerablemente si se deja reposar toda la noche, ya que los sabores se integran mejor y el postre adquiere una textura mucho más firme, facilitando el corte de porciones limpias.
- Servir el postre de Milo: Retira el postre del refrigerador únicamente cuando vayas a servirlo. Si deseas intensificar el sabor y mejorar la presentación, espolvorea un poco más de Milo justo antes de llevarlo a la mesa. Debe servirse siempre bien frío, ya que así mantiene su consistencia cremosa y firme. Para ocasiones especiales o si buscas un acabado más definido, puedes colocarlo en el congelador entre 5 y 10 minutos antes de servir, lo que permitirá obtener cortes más limpios sin llegar a congelarlo. También puedes prepararlo en recipientes individuales para una presentación más elegante o para facilitar su transporte y venta.