Torta de nata gallega
La torta de nata gallega es uno de los dulces más tradicionales y reconocibles de Galicia, especialmente en la zona de Vigo y sus alrededores. También conocida como torta imperial, torta de Chapela o torta de nata de Vigo, destaca por su masa tierna y esponjosa, ligeramente dulce y con una textura especialmente jugosa gracias a la nata cocida que se introduce en su interior. Aunque existen distintas versiones caseras, todas comparten esa combinación sencilla de masa fermentada, nata y azúcar que la convierte en un dulce irresistible.
Preparar esta receta de torta de nata gallega en casa es más sencillo de lo que puede parecer. La clave está en respetar los tiempos de fermentación y evitar un horneado excesivo, para conseguir una torta suave capaz de absorber toda la nata cocida. Después del horno, los característicos agujeros de la superficie se vuelven a abrir y se empapan con la crema caliente, antes de terminar con una generosa capa de azúcar glas. El resultado es un dulce tradicional perfecto para el desayuno, la merienda o acompañar un café.
Información de la receta
- Tiempo de preparación: 2 horas
- Tiempo de cocinado: 17 minutos
- Tiempo total: 2 horas y 17 minutos
- Raciones: 8
- Categoría: Postres
- Tipo de cocina: Gallega
- Calorías por ración: 425 kcal
Ingredientes
Para la masa
- 350 g de harina de trigo de fuerza
- 175 g de leche entera
- 50 g de azúcar
- 1 huevo grande
- 55 g de mantequilla sin sal
- 15 g de levadura fresca de panadero
- 3 g de sal
Para la nata cocida
- 250 ml de nata líquida para montar (mínimo 35 % de materia grasa)
- 60 g de azúcar
Para decorar
- Azúcar glas
Como hacer Torta de nata gallega
- Preparar la masa: Calienta ligeramente la leche, procurando que quede tibia y nunca caliente, y desmenuza en ella la levadura fresca. Remueve hasta que se disuelva. En un bol amplio mezcla la harina, el azúcar y la sal. Añade el huevo batido y la leche con la levadura y comienza a mezclar hasta que todos los ingredientes formen una masa.
- Amasar la masa: Trabaja la masa durante unos 10 minutos, a mano o con amasadora, hasta que empiece a quedar lisa y elástica. Añade entonces la mantequilla poco a poco y continúa amasando durante otros 8-10 minutos, hasta que esté completamente integrada y obtengas una masa suave, homogénea y elástica. Al principio puede resultar algo pegajosa, pero no conviene añadir harina en exceso, ya que una masa demasiado seca dará como resultado una torta menos tierna.
- Dejar levar: Forma una bola con la masa y colócala en un recipiente ligeramente engrasado. Cúbrela con un paño limpio y déjala reposar en un lugar cálido, sin corrientes de aire, hasta que prácticamente duplique su volumen. El tiempo dependerá de la temperatura ambiente y de la actividad de la levadura, pero normalmente necesitará entre 1 y 2 horas; en un ambiente frío puede tardar algo más.
- Dar forma a la torta: Cuando la masa haya levado, pásala a una bandeja cubierta con papel de horno y desgasifícala suavemente con las manos. Extiéndela poco a poco con las yemas de los dedos, desde el centro hacia los bordes, hasta formar una torta redonda de unos 25-26 cm de diámetro y aproximadamente 1,5-2 cm de grosor. No es necesario utilizar rodillo; darle forma con las manos permite conservar mejor la estructura y la esponjosidad de la masa.
- Realizar el segundo levado: Cubre la torta con un paño limpio y déjala reposar nuevamente durante unos 30-60 minutos, hasta que aumente de volumen y se vea más hinchada y ligera. Mientras tanto, puedes preparar la nata cocida y precalentar el horno para tenerlo listo cuando termine la fermentación.
- Preparar la nata cocida: Pon la nata y el azúcar en un cazo y caliéntalos a fuego medio-bajo, removiendo de vez en cuando para evitar que la mezcla se pegue. Deja que la nata reduzca lentamente durante unos 15-20 minutos, hasta que pierda parte de su volumen, espese ligeramente y adquiera un tono algo más dorado. No debe convertirse en una crema excesivamente espesa: la textura adecuada es fluida pero algo más densa que la nata original, de manera que pueda penetrar fácilmente en los agujeros de la torta. Retira del fuego y reserva.
- Hacer los agujeros: Precalienta el horno a 180 °C con calor arriba y abajo y sin ventilador. Cuando la masa haya terminado el segundo levado, introduce las yemas de los dedos por toda la superficie hasta llegar prácticamente al fondo de la torta, formando los característicos agujeros. Distribúyelos de manera uniforme y evita hacerlos demasiado juntos para que la masa conserve su estructura. Estos huecos serán los encargados de recoger la nata cocida y llevarla hasta el interior.
- Hornear la torta: Introduce la torta en el horno, a media altura, y hornéala durante unos 12-17 minutos. Debe quedar completamente cocida pero tierna, con la superficie ligeramente dorada y el interior esponjoso. Es importante no prolongar demasiado el horneado: la torta de nata debe quedar relativamente clara y jugosa para poder absorber después la nata cocida. En cuanto empiece a tomar color, retírala del horno.
- Repasar los agujeros: Nada más sacar la torta del horno, comprueba los agujeros, ya que la masa puede haberlos cerrado parcialmente durante la cocción. Si es necesario, vuelve a abrirlos con la yema de los dedos o con el extremo redondeado del mango de una cuchara de madera, procurando llegar hasta el interior sin atravesar completamente la base.
- Empapar con la nata cocida: Con la torta todavía caliente o muy templada, reparte poco a poco la nata cocida por toda la superficie, dejando que penetre por los agujeros antes de añadir más cantidad. Puedes ayudarte de una cuchara, una pequeña jarrita o un pincel de cocina. Insiste especialmente en los huecos y, cuando hayas terminado de verter la nata, utiliza la que haya quedado en la superficie para pincelar toda la torta y favorecer que se empape de manera uniforme.
- Enfriar y decorar: Deja reposar la torta a temperatura ambiente hasta que se enfríe por completo y la nata haya sido absorbida por la miga. Antes de servir, espolvorea toda la superficie con azúcar glas al gusto. La torta estará especialmente tierna y jugosa una vez que haya tenido tiempo de absorber bien la nata, por lo que conviene no cortarla inmediatamente después de añadirla.