Melindres gallegos

Melindres gallegos de Melide con glaseado de azúcar
Receta de Melindres gallegos

Los melindres gallegos son un pequeño postre tradicional de Galicia, especialmente ligado a Melide, donde esta elaboración forma parte de la identidad gastronómica local. Se trata de unas delicadas rosquillas elaboradas con harina, huevo y mantequilla, que después se cubren con un almíbar de azúcar hasta formar una característica capa blanquecina y ligeramente crujiente. Aunque existen diferentes formas de prepararlos, estos dulces destacan por su textura firme, su delicado sabor y su sencillo acabado. Su historia está estrechamente vinculada a la repostería tradicional gallega y a las recetas familiares transmitidas durante generaciones.

Cada segundo domingo de mayo, Melide celebra la conocida Fiesta del Melindre y de la Repostería Tradicional de Terra de Melide, una cita gastronómica dedicada a preservar estos pequeños dulces y otras especialidades de la comarca. Aunque algunas versiones incorporan anís, se pueden preparar de forma sencilla y tradicional, horneados y posteriormente bañados en almíbar. El resultado son unos dulces perfectos para acompañar el café, el té o disfrutar tranquilamente como postre.

Información de la receta

  • Tiempo de preparación: 1 hora y 20 minutos
  • Tiempo de cocinado: 20 minutos
  • Tiempo total: 1 hora y 40 minutos
  • Raciones: 8
  • Categoría: Postre
  • Tipo de cocina: Gallega
  • Calorías por ración: 280 kcal

Ingredientes

Para los melindres

  • 200 g de harina de trigo
  • 4 yemas de huevo
  • 20 g de mantequilla de vaca cocida o 20 g de mantequilla sin sal
  • 20 ml de licor de anís (opcional)

Para el almíbar

  • 200 g de azúcar
  • 100 ml de agua

Como hacer Melindres gallegos

  1. Preparar la mantequilla: Derrite los 20 g de mantequilla de vaca cocida, que es la opción más tradicional, a fuego muy suave y déjala templar antes de incorporarla a la masa. Si no dispones de mantequilla de vaca cocida, puedes utilizar la misma cantidad de mantequilla sin sal. Es importante que no esté caliente cuando entre en contacto con las yemas, ya que podría alterar su textura.
  2. Mezclar las yemas con la mantequilla: Pon las yemas en un bol y mézclalas con la mantequilla templada hasta obtener una preparación homogénea. Si quieres aportar un aroma más marcado y característico, puedes añadir en este momento los 20 ml de licor de anís, aunque es opcional y puedes preparar los melindres sin él. No es necesario montar las yemas ni añadir las claras.
  3. Incorporar la harina y amasar: Añade la harina poco a poco mientras mezclas hasta formar una masa que puedas trabajar con las manos. Pasa la masa a la superficie de trabajo y amásala durante unos minutos hasta que quede lisa, uniforme y manejable; debe despegarse de las manos, pero sin quedar excesivamente dura, por lo que es preferible no añadir harina de más.
  4. Dejar reposar la masa: Forma una bola con la masa, cúbrela y déjala reposar aproximadamente 1 hora a temperatura ambiente. Este reposo permite que la masa se relaje y facilita mucho el formado posterior de los melindres.
  5. Formar las rosquillas: Divide la masa en pequeñas porciones y forma con cada una un cilindro fino. Enrolla cada cilindro alrededor de un dedo hasta obtener una pequeña rosquilla y une bien los extremos, procurando que el agujero central quede relativamente estrecho y que todas las piezas tengan un tamaño parecido para que se horneen de manera uniforme.
  6. Hornear los melindres: Coloca las rosquillas sobre una bandeja de horno y hornéalas con el horno previamente precalentado a 200 ºC, con calor arriba y abajo, durante unos 8-10 minutos, hasta que estén ligeramente doradas. No deben quedar demasiado oscuras, porque los melindres tradicionales son pequeños, secos y firmes, pero no deben adquirir un sabor excesivamente tostado.
  7. Enfriar completamente: Retira los melindres del horno y pásalos a una rejilla para que se enfríen por completo antes de preparar el baño. Es importante no bañarlos calientes, ya que el almíbar se adherirá peor y será más difícil conseguir la característica cobertura azucarada.
  8. Preparar el almíbar: Pon el azúcar y el agua en un cazo y lleva la mezcla a ebullición a fuego medio. Cocina hasta obtener un almíbar ligeramente espeso, de hebra floja, que alcanza aproximadamente los 105 ºC si utilizas un termómetro de cocina; no conviene reducirlo demasiado porque debe mantenerse suficientemente fluido para cubrir los melindres antes de comenzar a cristalizar.
  9. Bañar los melindres: Coloca los melindres completamente fríos en un recipiente amplio y vierte sobre ellos el almíbar todavía caliente. Remueve con cuidado para que queden bien impregnados por todos los lados y trabaja con rapidez, porque el almíbar irá espesando y cristalizando a medida que pierda temperatura.
  10. Dejar secar el glaseado: Retira los melindres uno a uno y colócalos sobre una rejilla, separados entre sí, para que el exceso de almíbar escurra y la cobertura se seque. A medida que el almíbar se enfríe, formará alrededor de cada rosquilla una capa fina, blanquecina y ligeramente crujiente, que es una de las características más reconocibles de los melindres.
  11. Reposar y conservar: Deja que los melindres se sequen completamente antes de guardarlos o servirlos, ya que la cobertura necesita tiempo para terminar de cristalizar. Una vez secos, puedes conservarlos durante bastante tiempo en una caja o recipiente hermético, siempre protegidos de la humedad para mantener su textura característica.

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