Almidoncitos venezolanos

Almidoncitos venezolanos tradicionales
Receta de almidoncitos venezolanos

Los almidoncitos venezolanos son un dulce criollo emblemático de Venezuela, famoso por su textura firme y ligeramente quebradiza que se deshace en la boca. Tradicionalmente elaborados con yuca o maicena, estos bocaditos sin gluten forman parte esencial de la repostería casera y callejera. En tiempos de antaño se vendían en carritos de madera por el centro de Caracas, junto a otros dulces clásicos, y se disfrutaban recién hechos, muchas veces acompañados de café. Su sabor delicado evoca tradición.

Su origen probablemente indígena y su presencia documentada en la época independentista reflejan la mezcla cultural del país. Preparados antiguamente con almidón de yuca y, más tarde, con maicena, eran comunes en fiestas y celebraciones, elaborados con paciencia y saber popular. Con forma rectangular y cortes superiores, recuerdan a las pastas de té y hoy siguen siendo un referente del recetario tradicional, ideales para compartir, vender o disfrutar en casa como parte viva de la memoria gastronómica venezolana y cultural del país.

Información de la receta

  • Tiempo de preparación: 25 minutos
  • Tiempo de cocinado: 20 minutos
  • Tiempo total: 45 minutos
  • Raciones: 20 unidades
  • Categoría: Repostería tradicional
  • Tipo de cocina: Venezolana
  • Calorías por ración: 180 kcal

Ingredientes

  • 125 g de mantequilla
  • 100 g de papelón rallado (panela o piloncillo)
  • 250 g de fécula de maíz o almidón de yuca
  • 1 huevo grande (o 2 yemas)
  • ½ cucharadita de canela molida
  • ¼ cucharadita de clavos de olor molidos
  • ¼ cucharadita de anís dulce molido
  • 1 pizca de nuez moscada rallada
  • 1 cucharadita de vainilla (opcional)

Como hacer Almidoncitos venezolanos

  1. Elaboración del melado: Coloca la mantequilla y el papelón en una olla pequeña y llévalos a fuego bajo, removiendo constantemente hasta que el papelón se disuelva por completo y la mezcla se vea uniforme. Este paso es fundamental para lograr el sabor tradicional, ya que el papelón aporta profundidad y aroma. Retira del fuego y deja reposar unos cinco minutos, hasta que el melado esté tibio; si se incorpora demasiado caliente puede alterar la textura final de la masa.
  2. Preparación de los ingredientes secos: En un bol amplio coloca la fécula de maíz junto con la canela, los clavos de olor, el anís dulce y la nuez moscada. Mezcla bien para que las especias se distribuyan de manera uniforme, lo cual garantiza un sabor equilibrado en cada almidoncito. Forma un volcán en el centro del bol para facilitar la incorporación de los ingredientes líquidos sin que la masa se vuelva grumosa.
  3. Integración de la masa: En el centro del volcán agrega el huevo o las yemas, la vainilla y el melado tibio. Comienza mezclando con una cuchara y luego continúa con las manos hasta obtener una masa homogénea, suave y manejable. La masa no debe pegarse a los dedos ni sentirse seca; si notas que se agrieta, puedes trabajarla un poco más con el calor de las manos. Amasar en exceso no es recomendable, ya que puede afectar la textura delicada característica de este dulce.
  4. Formado tradicional: Espolvorea ligeramente la superficie de trabajo con fécula de maíz y toma porciones de la masa para formar tiras alargadas de grosor parejo. Corta las piezas en forma diagonal para obtener el aspecto clásico y realiza dos o tres cortes superficiales en la parte superior de cada una, un detalle tradicional que además ayuda a que se cocinen de manera uniforme. Durante este paso es importante trabajar con suavidad para que las piezas no se deformen ni se quiebren.
  5. Horneado: Coloca los almidoncitos en una bandeja cubierta con papel de horno o ligeramente engrasada, dejando un pequeño espacio entre ellos. Llévalos a horno previamente precalentado a 175–180 °C y hornéalos durante 15 a 20 minutos. Deben quedar firmes, con la base apenas dorada y la superficie clara; un dorado excesivo los endurece y les hace perder su identidad tradicional.
  6. Enfriado y reposo: Al sacarlos del horno, despréndelos de la bandeja de inmediato y colócalos sobre una rejilla o superficie lisa para que enfríen por completo. Durante el enfriado terminan de secarse y adquieren su textura final, frágil y quebradiza. Una vez fríos, consérvalos en un recipiente hermético para mantener su frescura durante varios días.