Roscas chilenas
Las roscas chilenas son una preparación tradicional muy apreciada durante los meses fríos, ideales para acompañar el té o el café en familia. Estas rosquillas caseras, ya sean fritas o al horno, destacan por su textura suave y esponjosas, lograda gracias a una masa sencilla elaborada con mantequilla, huevo y harina. Su forma circular y su sabor delicado las han convertido en un clásico infaltable en ferias, plazas y hogares chilenos durante el otoño e invierno, cuando el antojo por algo dulce y reconfortante se hace más presente.
El origen de las roscas chilenas se asocia a influencias de la cocina española y criolla, adaptadas con el tiempo a los ingredientes y costumbres locales. Aunque existen versiones similares en muchos países, cada una varía según la región y la técnica de preparación. Esta receta es una interpretación personal de las tradicionales rosquillas chilenas, pensada para disfrutar con moderación, considerando sus calorias, pero sin perder el carácter auténtico que las hace tan queridas y populares.
Información de la receta
- Tiempo de preparación: 30 minutos
- Tiempo de cocinado: 20 minutos
- Tiempo total: 50 minutos
- Raciones: 8
- Categoría: Repostería tradicional
- Tipo de cocina: Chilena
- Calorías por ración: 320 kcal
Ingredientes
- 500 g harina de trigo sin polvos
- 2 cucharaditas (10 g) de polvos de hornear
- 1 pizca de sal
- 150 g azúcar granulada
- 2 huevos
- 100 ml leche
- 100 g mantequilla derretida
- 1 cucharadita de esencia de vainilla
- Ralladura de 1 naranja (tradicional) o limón
- 1 cucharada de ron, aguardiente o jugo de naranja (opcional)
Para freír
- 1 a 1½ litros de aceite vegetal
Para terminar
- Azúcar flor (impalpable) para espolvorear
Como hacer roscas chilenas
- Preparar la base seca: Coloca la harina en un bol amplio y agrega los polvos de hornear, la sal y el azúcar. Mezcla bien para que los ingredientes se distribuyan de forma pareja, ya que esto permitirá que las roscas crezcan uniformemente al freírse y no queden duras en algunas zonas.
- Incorporar aromas y grasas: Agrega la ralladura de la naranja directamente al bol, cuidando de no incluir la parte blanca para evitar amargor. Incorpora la mantequilla previamente derretida y ya tibia, la esencia de vainilla y el ron, aguardiente o jugo de naranja si decides usarlo, ya que este toque es muy tradicional y aporta el aroma característico de las roscas chilenas caseras.
- Añadir huevos y líquidos: Bate ligeramente los huevos aparte y agrégalos junto con la leche. Comienza a unir todo con una cuchara o con la mano hasta formar una masa. En este punto es importante mezclar solo lo necesario, ya que amasar en exceso hará que las roscas queden duras después de freírlas.
- Formar y ajustar la masa: Continúa integrando con la mano hasta obtener una masa blanda, lisa y que no se pegue a los dedos. Si la notas seca, añade un poco más de leche de a cucharadas; si está demasiado blanda, espolvorea apenas harina. La textura correcta es clave para que no absorban demasiado aceite y se cocinen bien por dentro.
- Reposar la masa: Cubre el bol con un paño limpio o film y deja reposar la masa entre 15 y 20 minutos a temperatura ambiente. Este descanso relaja el gluten y ayuda a que las roscas queden más tiernas y con mejor forma al estirarlas.
- Estirar y dar forma: Estira la masa sobre una superficie ligeramente enharinada hasta dejarla de unos 5 a 8 milímetros de grosor. Corta círculos grandes y luego realiza el agujero central con un cortador pequeño o una tapa. Es recomendable no hacerlas demasiado grandes, ya que las roscas más pequeñas se doran mejor y se cocinan de manera uniforme.
- Freír correctamente: Calienta el aceite a fuego medio hasta alcanzar una temperatura aproximada de 165 a 170 °C. Si no tienes termómetro, prueba con un pequeño trozo de masa: debe burbujear suavemente sin dorarse de inmediato. Fríe de a pocas roscas por tanda para que el aceite no baje de temperatura y dales vuelta hasta que estén doradas de manera pareja, lo que toma entre 2 y 3 minutos.
- Escurrir y enfriar: Retira las roscas y colócalas sobre una rejilla para que escurran el exceso de aceite. Evitar el papel absorbente ayuda a que no se humedezcan y queden más crujientes por fuera, manteniéndose suaves por dentro.
- Terminar y servir: Cuando estén tibias, espolvorea generosamente con azúcar flor. Este paso se hace al final para que el azúcar se adhiera bien sin derretirse, logrando el acabado clásico de las roscas chilenas tradicionales.