Rosquillas de San Blas
El 3 de febrero, día de San Blas, se celebra en muchos lugares de España una festividad popular llena de tradición, recuerdos y sabores. Desde Murcia hasta el norte del país, esta fecha está ligada a la historia del santo y a la protección de la garganta, dando lugar a dulces tan emblemáticos como las rosquillas de San Blas. Antiguamente se llevaban a bendecir y se colgaban en ristras, atravesadas por una ramita de laurel, como símbolo de devoción y costumbre popular. Aunque hoy es habitual comprar estas rosquillas ya preparadas, hacerlas en casa permite revivir esa tradición con todo su significado.
Las rosquillas de San Blas son unas rosquillas al horno, aromatizadas con anís, poco dulces y cubiertas con su característico glaseado blanco. Prepararlas caseras es sencillo y no requiere fritura, lo que las hace más ligeras sin perder autenticidad. Crujientes por fuera, tiernas por dentro y con ese inconfundible sabor anisado, siguen siendo un dulce imprescindible de estas fechas, perfecto para compartir y mantener viva una tradición que pasa de generación en generación.
Información de la receta
- Tiempo de preparación: 30 minutos
- Tiempo de cocinado: 25 minutos
- Tiempo total: 55 minutos
- Raciones: 20 rosquillas
- Categoría: Dulces tradicionales
- Tipo de cocina: Cocina española
- Calorías por ración: 170 kcal
Ingredientes
Para la masa
- 3 huevos
- 50 g de azúcar
- 60 ml de aceite de oliva suave
- 15 ml de anís dulce (1 cucharada)
- 1 limón
- 1 pizca de sal
- 275–300 g de harina de repostería
- ½ cucharadita de bicarbonato sódico
Para el glaseado
- 2 claras de huevo (preferiblemente pasteurizadas)
- 200 g de azúcar glas
- 1 chorrito de anís dulce
- Unas gotas de zumo de limón
- 1 pizca de sal
Como hacer Rosquillas de San Blas
- Preparar la base de la masa: En un bol amplio casca los huevos, añade el azúcar y bátelos hasta que la mezcla esté homogénea y ligeramente espumosa. Incorpora el aceite poco a poco sin dejar de batir para que emulsione bien, añade el anís dulce y la piel del limón finamente rallada, evitando la parte blanca para que no amargue. Mezcla hasta que todos los ingredientes líquidos estén bien integrados y aromáticos.
- Incorporar los ingredientes secos: Añade la pizca de sal y el bicarbonato a la mezcla anterior. Incorpora la harina poco a poco, preferiblemente tamizada, primero mezclando con varillas o tenedor y después con una espátula o las manos. La masa debe quedar firme pero ligeramente pegajosa; no conviene añadir toda la harina de golpe, ya que la cantidad puede variar según el tamaño de los huevos. Si queda demasiado blanda, añade un poco más de harina hasta que sea manejable.
- Reposo de la masa: Forma una bola con la masa y cúbrela con un paño limpio o film. Déjala reposar entre 10 y 15 minutos para que se asiente, se relaje el gluten y resulte más fácil darle forma después. Este reposo ayuda a que las rosquillas mantengan mejor su forma durante el horneado.
- Formar las rosquillas: Precalienta el horno a 165 ºC con calor arriba y abajo. Engrasa ligeramente la superficie de trabajo y las manos con un poco de aceite para evitar que la masa se pegue. Toma pequeñas porciones de masa, estíralas formando tiras finas y alárgalas hasta obtener el grosor clásico. Une los extremos presionando suavemente para formar las rosquillas y colócalas sobre una bandeja de horno cubierta con papel vegetal, dejando algo de separación entre ellas.
- Horneado: Introduce la bandeja en el horno ya caliente y hornea las rosquillas durante 20–25 minutos, hasta que estén secas, duras y apenas doradas. No deben tomar mucho color, ya que su textura tradicional es más bien blanca y crujiente. Una vez listas, sácalas del horno y déjalas enfriar completamente sobre una rejilla; este paso es fundamental para que el glaseado no se estropee después.
- Preparar el glaseado: En un bol muy limpio y completamente seco coloca las claras de huevo junto con una pizca de sal y unas gotas de zumo de limón, lo que ayudará a que monten mejor. Bate hasta que empiecen a espumar y añade el azúcar glas poco a poco, sin dejar de batir, hasta obtener un merengue blanco, espeso y brillante. Incorpora el chorrito de anís y mezcla suavemente hasta que quede bien integrado; el glaseado debe ser denso pero fluido.
- Glasear las rosquillas: Cuando las rosquillas estén totalmente frías, báñalas por la mitad en el glaseado o cúbrelas generosamente ayudándote de una brocha. Colócalas de nuevo sobre una rejilla para que el exceso caiga y el glaseado se asiente de forma uniforme. Es importante no glasearlas en caliente, ya que absorberían humedad y perderían su textura crujiente.
- Secado y conservación: Deja secar las rosquillas a temperatura ambiente entre 12 y 24 horas, hasta que el glaseado esté completamente duro. Si quieres acelerar el proceso o conseguir un acabado más firme, puedes introducirlas en el horno a 50 ºC durante 15–30 minutos con la puerta ligeramente entreabierta. Una vez secas, guárdalas en una lata o recipiente hermético; así se conservan perfectamente durante varios días manteniendo su textura tradicional.