Machas a la parmesana

Machas a la parmesana
Receta de machas a la parmesana

Las machas a la parmesana son uno de los bocados marinos más emblemáticos de la cocina de Chile, famosas por su preparación sencilla y su sabor intenso. Este clásico nacido en ambiente de restaurante combina machas frescas o incluso congeladas con vino blanco, mantequilla y queso fundido, logrando un resultado jugoso y aromático que se sirve siempre caliente. Su textura suave y el equilibrio entre mar y lácteo las convierten en una entrada irresistible para celebraciones y comidas especiales familiares.

Su origen se remonta a la costa de Viña del Mar en la década de 1950, donde la influencia italiana dio forma a una receta hoy imprescindible como aperitivo. Dependiendo de la versión, pueden prepararse solo con queso o enriquecerse con un toque de crema, manteniendo siempre el carácter marino que define a estas machas gratinadas. Servidas recién salidas del horno y acompañadas de vino blanco frío, representan una tradición costera fácil de replicar en casa con resultados memorables siempre.

Información de la receta

  • Tiempo de preparación: 30 minutos
  • Tiempo de cocinado: 10 minutos
  • Tiempo total: 40 minutos
  • Raciones: 4 porciones
  • Categoría: Entrante
  • Tipo de cocina: Chilena
  • Calorías por ración: 350 kcal

Ingredientes

  • 1 kilo de machas frescas (20–30 unidades aprox.)
  • 1 limón
  • ¼ taza de vino blanco
  • ½ taza de crema de leche
  • 1 cucharada de mantequilla
  • 200 g de queso parmesano rallado
  • Sal a gusto
  • Pimienta negra a gusto
  • Merkén o nuez moscada (opcional)
  • Perejil o ciboulette
  • Limón extra para servir

Como hacer Machas a la parmesana

  1. Limpieza y preparación de las machas: Remoja las machas en abundante agua fría con sal durante unos veinte a treinta minutos para que liberen la arena, luego ábrelas cuidadosamente con un cuchillo, separa las lenguas, elimina la parte oscura y vuelve a lavarlas hasta que queden completamente limpias. Coloca cada lengua sobre su media concha bien enjuagada, ya que una limpieza correcta asegura una textura suave y evita residuos desagradables al comer.
  2. Sazonado y maceración breve: Exprime el limón y mezcla su jugo con el vino blanco, la sal y la pimienta, incorpora allí las machas y déjalas reposar solo unos pocos minutos para realzar el sabor sin endurecer la carne, recordando que una maceración demasiado larga puede afectar su ternura natural.
  3. Preparación de la base cremosa y aromática: Ralla el queso parmesano en este momento para que esté fresco al gratinar. Distribuye las conchas en una bandeja de horno firme y agrega sobre cada macha unas gotas de su maceración, un pequeño trozo de mantequilla y un chorrito de crema, manteniendo el equilibrio para que el lácteo aporte jugosidad sin ocultar el sabor marino; en este punto puedes sumar apenas merkén o nuez moscada si buscas un matiz tradicional más intenso.
  4. Horneado y gratinado perfecto: Con el horno previamente calentado a 180 °C, cubre cada macha con una cantidad generosa de queso parmesano y hornea durante pocos minutos hasta que las machas se tornen rosadas y el queso se funda. Finaliza con un breve gratinado a mayor temperatura solo hasta dorar ligeramente, vigilando de cerca porque una cocción excesiva endurece el marisco y hace perder su jugosidad característica.
  5. Presentación y servicio inmediato: Retira la bandeja del horno y sirve las machas de inmediato en sus conchas, espolvoreando perejil o ciboulette recién picado y acompañando con gajos de limón para que cada comensal ajuste la acidez a su gusto. Disfrútalas muy calientes junto a pan crujiente o un vino blanco frío, considerando que la crema y la mantequilla son opcionales pero aportan el estilo clásico de restaurante y que cualquier sobra puede aprovecharse en otras preparaciones marinas.