Sopa paraguaya
La sopa Paraguaya es uno de los platos más emblemáticos de Paraguay, una preparación sólida y tradicional que combina la sencillez de la cocina de la abuela con siglos de historia mestiza cario-guaraní y española. Elaborada con harina de maíz, queso, leche y cebolla, su textura suave y ligeramente cremosa recuerda a un bizcochuelo salado, muy diferente de una sopa líquida. Aunque a veces se la compara con la polenta por su base de maíz, la sopa paraguaya posee una identidad propia dentro de la gastronomía sudamericana.
Según la tradición popular, su origen se vincula a un antiguo error de cocina que transformó una sopa blanca en este icónico pastel de maíz, hoy presente en celebraciones familiares y mesas cotidianas. Prepararla en casa permite redescubrir el sabor auténtico del choclo y del queso fundido, logrando un equilibrio perfecto entre humedad, aroma y dorado superficial. Esta receta reúne técnicas fieles a la versión campesina para que disfrutes una sopa Paraguaya casera, esponjosa y llena de identidad cultural viva.
Información de la receta
- Tiempo de preparación: 30 minutos
- Tiempo de cocinado: 45–60 minutos
- Tiempo total: 1 hora y 30 minutos
- Raciones: 10–12 porciones
- Categoría: Plato principal
- Tipo de cocina: Cocina paraguaya
- Calorías por ración: 420 kcal
Ingredientes
- 700 g de cebolla blanca
- 120 g de manteca o 100 ml de aceite neutro
- 5 huevos grandes a temperatura ambiente
- 750 ml de leche entera o suero de leche a temperatura ambiente
- 600 g de harina de maíz fina (harina paraguaya, no polenta)
- 500 g de queso Paraguay, queso fresco o queso semiduro suave
- 1½ cucharaditas de sal (ajustar según el queso)
- ½ cucharadita de pimienta negra molida
- 1 cucharada de polvo de hornear (opcional)
Como hacer Sopa Paraguaya
- Cocinar la cebolla: Pela y corta la cebolla en juliana fina o cubos pequeños según prefieras, luego cocínala lentamente en una sartén amplia con la manteca derretida o el aceite junto con la sal, manteniendo un fuego medio para que se vuelva suave, transparente y ligeramente dulce sin llegar a dorarse, ya que este punto es fundamental para lograr el sabor auténtico de la sopa paraguaya; cuando esté lista, agrega un pequeño chorrito de la leche para bajar la temperatura y deja entibiar antes de usarla.
- Preparar la base líquida: En un recipiente grande bate suavemente los huevos hasta que estén espumosos sin llegar a montarlos, incorpora la leche restante y añade la pimienta, mezclando hasta obtener una preparación homogénea que aportará humedad y suavidad a la textura final.
- Formar la masa: Agrega la harina de maíz fina en forma de lluvia mientras mezclas de manera continua para evitar grumos, integrando después la cebolla cocida con toda su grasa y el polvo de hornear, procurando obtener una consistencia cremosa, húmeda y algo fluida, nunca seca ni excesivamente líquida, recordando que añadir más harina de maíz de la indicada volvería la preparación densa en lugar de esponjosa.
- Incorporar el queso: Corta el queso en cubos pequeños o desmenúzalo con las manos y mézclalo suavemente dentro de la masa para que quede bien distribuido sin deshacerse por completo, ya que los trozos de queso son los responsables de la textura húmeda característica y del sabor intenso que define a este plato tradicional.
- Hornear: Precalienta el horno a 180 °C, engrasa generosamente una fuente amplia para horno con manteca o aceite y vierte la preparación nivelándola suavemente sin presionar, luego hornea durante aproximadamente 45 a 60 minutos hasta que la superficie esté dorada y el centro firme al introducir un cuchillo o palillo, teniendo en cuenta que el tiempo puede variar según el tamaño del molde y que una cocción adecuada asegura una miga tierna y bien cocida.
- Reposar y servir: Retira la fuente del horno y deja reposar la sopa paraguaya entre 10 y 15 minutos antes de cortarla en cuadrados para que tome estructura y no se desarme, pudiendo servirse caliente, tibia o a temperatura ambiente como guarnición o plato principal acompañado de ensaladas frescas, y sabiendo además que se conserva bien refrigerada varios días y puede recalentarse suavemente sin perder su textura si se evita el exceso de calor.