Lazos de Jaca

Lazos de Jaca tradicionales con hojaldre y glasa de yema
Receta de Lazos de Jaca

Los Lazos de Jaca son uno de los dulces más emblemáticos de Jaca, en la provincia de Huesca, y una auténtica especialidad del Valle de Aragón. Su origen se encuentra en la histórica pastelería La Suiza, donde Mariano Lacasta registró este dulce en 1946. Elaborados con un delicado hojaldre de mantequilla, los lazos se hornean hasta quedar dorados y crujientes para después cubrirse con una suave glasa de yema que les aporta su característico acabado. Aunque hoy existen diferentes versiones, esta receta recupera la elaboración artesanal con hojaldre casero y la tradicional cobertura de yema, respetando la esencia de este dulce aragonés.

Preparar los Lazos de Jaca en casa requiere algo de paciencia, especialmente para conseguir un hojaldre bien laminado, pero el resultado merece la pena. La combinación de capas finas y crujientes con la cobertura dulce de yema convierte cada bocado en una auténtica delicia. Son perfectos para acompañar un café durante el desayuno, disfrutar en la merienda o servir como postre después de una comida. Con esta elaboración podrás preparar en casa uno de los dulces más representativos de la pastelería tradicional de Jaca.

Información de la receta

  • Tiempo de preparación: 1 hora
  • Tiempo de cocinado: 18 minutos
  • Tiempo total: 2 días, 1 hora y 18 minutos
  • Raciones: 20 lazos
  • Categoría: Postres y dulces
  • Tipo de cocina: Aragonesa
  • Calorías por ración: 330 kcal

Ingredientes

Para el hojaldre

  • 300 g de harina de fuerza
  • 200 g de harina de repostería
  • 240 g de agua fría
  • 60 g de mantequilla a temperatura ambiente
  • 12 g de sal
  • 5 g de zumo de limón
  • 340 g de mantequilla para laminar

Para la glasa de yema

  • 3 yemas de huevo
  • 100 g de azúcar
  • 40 g de agua
  • 6 g de almidón de maíz

Para la glasa

  • 50 g de azúcar glas
  • 15 g de agua

Como hacer Lazos de Jaca

  1. Preparar la masa de hojaldre: Mezcla la harina de fuerza, la harina de repostería, el agua fría, los 60 g de mantequilla a temperatura ambiente, la sal y el zumo de limón hasta obtener una masa homogénea. No es necesario amasarla demasiado, ya que interesa que el gluten no se desarrolle en exceso. Forma un bloque, envuélvelo bien y déjalo reposar en la nevera hasta el día siguiente.
  2. Preparar la mantequilla para laminar: Coloca los 340 g de mantequilla entre dos hojas de papel de horno y estírala con un rodillo hasta formar un cuadrado de aproximadamente 20 x 20 cm, procurando que tenga un grosor uniforme. Guarda la mantequilla en la nevera junto con la masa hasta el día siguiente, ya que ambas preparaciones deben estar frías antes de comenzar el laminado.
  3. Encerrar la mantequilla: Al día siguiente, estira la masa hasta formar un rectángulo de unos 40 x 20 cm. Coloca el bloque de mantequilla en el centro y dobla la masa sobre él hasta encerrarlo completamente, formando un paquete. Es importante que la mantequilla y la masa tengan una consistencia parecida para que la primera pueda extenderse entre las capas sin romper la masa ni escaparse por los laterales.
  4. Realizar el primer pliegue: Estira el paquete de masa hasta conseguir una lámina de aproximadamente 60 x 20 cm y 5 mm de grosor. Durante el laminado, espolvorea ligeramente la superficie con harina para evitar que se pegue, pero retira después todo el exceso con una brocha antes de plegarla. Este detalle es importante porque la harina acumulada entre las capas puede dificultar que el hojaldre se desarrolle correctamente en el horno. Haz un pliegue sencillo doblando un extremo hacia el centro y colocando el otro extremo encima.
  5. Repetir los pliegues y reposos: Envuelve la masa y déjala reposar unos 30 minutos en la nevera antes de volver a estirarla. Repite el mismo procedimiento hasta completar cuatro pliegues sencillos en total, respetando siempre los descansos en frío entre uno y otro. Si la masa se calienta demasiado, se vuelve blanda o la mantequilla empieza a salir, es preferible detenerse y refrigerarla antes de continuar. Estos reposos también permiten que el gluten se relaje, por lo que incluso si el descanso se alarga hasta una o dos horas no hay problema.
  6. Dejar reposar el hojaldre: Después de realizar el cuarto y último pliegue, envuelve bien la masa y déjala reposar en la nevera hasta el día siguiente. Este reposo prolongado facilita el estirado final y ayuda a conseguir un hojaldre con capas bien definidas y una buena subida durante el horneado.
  7. Cortar y formar los lazos: Precalienta el horno a 200 ºC. Estira el hojaldre hasta obtener una lámina de aproximadamente 5 mm de grosor y corta rectángulos de unos 10 cm de largo por 2 cm de ancho. Para formar cada lazo, toma un rectángulo por los extremos y retuércelo dos veces sobre sí mismo. Coloca las piezas sobre una bandeja cubierta con papel de horno y presiona ligeramente la parte central contra la bandeja con el dedo para que mantengan su forma durante la cocción.
  8. Hornear los lazos: Hornea los lazos durante unos 18 minutos a 200 ºC, hasta que estén bien hinchados y dorados. El tiempo puede variar ligeramente según el horno y el tamaño de las piezas, por lo que conviene observar que el hojaldre esté completamente cocido y tenga un color dorado uniforme. Cuando estén listos, retíralos con cuidado y déjalos enfriar completamente sobre una rejilla antes de cubrirlos.
  9. Preparar la yema pastelera: Pon el agua y el azúcar en un cazo y calienta hasta obtener un almíbar ligero. Mientras tanto, coloca las yemas en un recipiente y mézclalas suavemente con el almidón de maíz hasta que este quede bien disuelto. No es necesario batir las yemas enérgicamente, ya que un batido excesivo puede hacer que la cobertura pierda parte de su intenso color amarillo. Deja que el almíbar se temple ligeramente y viértelo poco a poco sobre las yemas mientras remueves de forma continua.
  10. Espesar la yema: Devuelve la mezcla al cazo y cocínala a fuego suave, removiendo constantemente, hasta que espese. La yema debe quedar cremosa pero todavía suficientemente fluida para poder extenderla sobre los lazos. Evita cocinarla a fuego fuerte, porque podría cuajarse demasiado rápido y formar grumos. Una vez lista, retírala del fuego y deja que se temple antes de utilizarla.
  11. Cubrir los lazos con yema: Coloca los lazos completamente fríos sobre una rejilla y pon debajo una bandeja o papel de horno para recoger la cobertura que pueda caer. Cubre generosamente la parte superior de cada pieza con la yema pastelera, dejando que cubra bien la superficie. Déjalos reposar aproximadamente una hora, hasta que la yema se haya asentado y presente una superficie firme.
  12. Preparar la glasa: Mezcla el azúcar glas con el agua hasta obtener una glasa lisa, blanca y ligeramente espesa. Si queda demasiado líquida, añade un poco más de azúcar glas; si resulta demasiado densa, incorpora unas gotas de agua hasta conseguir una textura que permita extenderla fácilmente sobre los lazos sin que se escurra por completo.
  13. Dar el acabado final: Extiende una fina capa de glasa sobre la cobertura de yema de cada lazo y déjalos reposar a temperatura ambiente hasta que se seque por completo. Esta última capa aporta el acabado blanco, dulce y brillante característico de los lazos de Jaca. Una vez seca, ya estarán listos para servir.

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