Leche condensada casera
Preparar leche condensada casera es mucho más fácil de lo que parece. Esta deliciosa elaboración se consigue concentrando poco a poco la leche líquida con azúcar hasta obtener esa textura espesa, cremosa y dulce que tanto nos gusta. Lo mejor es que solo necesitas 2 ingredientes y una olla para hacerla en casa, sin recurrir a leche en polvo, mantequilla ni otros añadidos. Con un poco de paciencia, podrás conseguir una preparación suave y con todo el sabor de la leche condensada tradicional.
Esta receta es perfecta para tener siempre a mano cuando quieras preparar postres, bizcochos, tartas, flanes o bebidas, aunque también resulta deliciosa sobre frutas, tostadas o simplemente a cucharadas. Hacer tu propia leche condensada te permite prepararla justo cuando la necesitas y controlar por completo los ingredientes. Solo tendrás que cocinar la mezcla lentamente, dejar que reduzca hasta alcanzar el punto adecuado y esperar a que se enfríe para disfrutar de una textura aún más espesa y cremosa.
Información de la receta
- Tiempo de preparación: 5 minutos
- Tiempo de cocinado: 60 minutos
- Tiempo total: 65 minutos
- Raciones: 10
- Categoría: Postres
- Tipo de cocina: Internacional
- Calorías por ración: 160 kcal
Ingredientes
- 500 ml de leche entera
- 200 g de azúcar blanco
Como hacer Leche condensada casera
- Disolver el azúcar: Vierte la leche entera y el azúcar en una olla o cazo amplio, preferiblemente de fondo grueso. Mezcla con unas varillas hasta integrar ambos ingredientes y lleva la preparación a fuego medio. Es importante utilizar una olla suficientemente grande, ya que la leche formará espuma al comenzar a hervir.
- Llevar la mezcla a ebullición: Calienta la leche mientras remueves de vez en cuando para ayudar a disolver completamente el azúcar y evitar que se adhiera al fondo. Cuando alcance el punto de ebullición y comience a subir la espuma, baja inmediatamente el fuego a bajo para evitar que se derrame.
- Reducir la leche lentamente: Cocina la mezcla sin tapar durante aproximadamente 45-60 minutos. Debe mantenerse a fuego bajo, con un hervor suave y controlado, ya que una cocción demasiado intensa puede hacer que la leche se pegue, se queme o adquiera un sabor excesivamente caramelizado. El tiempo puede variar según el tamaño de la olla y la intensidad del fuego.
- Remover durante la cocción: Remueve la preparación cada pocos minutos con una cuchara, espátula o varillas, prestando especial atención al fondo y a los bordes de la olla, donde pueden acumularse restos de leche más espesos. No es necesario remover constantemente durante toda la cocción, pero sí vigilar la mezcla y hacerlo con mayor frecuencia a medida que vaya reduciéndose.
- Comprobar el punto de la leche condensada: A medida que el agua de la leche se evapore, la mezcla irá espesando y adquiriendo un color ligeramente amarillento o crema. Estará lista cuando tenga una consistencia claramente más densa, cremosa y espesa, pero todavía fluida. Al pasar una espátula por el fondo de la olla, debe formarse un surco que permanezca visible durante unos segundos antes de volver a cubrirse. No conviene esperar a que quede demasiado espesa dentro de la olla, ya que continuará espesándose considerablemente al enfriarse y refrigerarse.
- Enfriar y conseguir una textura homogénea: Retira la olla del fuego y remueve durante un par de minutos con unas varillas para ayudar a obtener una textura más uniforme y evitar que se formen cristales de azúcar en los bordes. Si se hubieran formado pequeños grumos o restos de nata cocida, puedes pasar la preparación por un colador fino.
- Guardar la leche condensada: Pasa la preparación a un recipiente de vidrio limpio y deja que se enfríe por completo antes de taparlo. Una vez fría, guárdala en un recipiente hermético en el refrigerador. Al tratarse de una elaboración casera sin conservantes y diferente del proceso industrial utilizado para la leche condensada comercial, es recomendable conservarla siempre refrigerada y consumirla en pocos días.