Buñuelos de viento mexicanos

Buñuelos de viento mexicanos caseros con azúcar y canela, dorados y crujientes
Receta de buñuelos de viento mexicanos

En las ferias, los mercados y las celebraciones navideñas de México, los buñuelos de viento ocupan un lugar especial entre los dulces tradicionales. Su característica forma de flor o copo de nieve se consigue gracias a un molde metálico que permite freír una capa fina de masa hasta obtener una textura ligera y delicada. A diferencia de los buñuelos mexicanos planos, estos pequeños bocados destacan por su aspecto decorativo y su irresistible acabado dorado, normalmente cubierto de azúcar y canela.

Preparar buñuelos de viento mexicanos caseros es una manera deliciosa de recuperar esos sabores familiares que recuerdan a las recetas de la abuela. La combinación de harina, huevos, leche, mantequilla y vainilla da lugar a una masa fluida que, con la técnica adecuada, se transforma en dulces finos y crujientes. Aunque requieren algo de práctica para dominar el molde, el resultado merece la pena. Sírvelos con chocolate caliente, atole o ponche de frutas y disfruta de un postre perfecto para compartir durante las posadas, las reuniones familiares o cualquier ocasión especial.

Información de la receta

  • Tiempo de preparación: 30 minutos
  • Tiempo de cocinado: 40 minutos
  • Tiempo total: 1 hora y 10 minutos
  • Raciones: 6
  • Categoría: Postres y dulces
  • Tipo de cocina: Mexicana
  • Calorías por ración: 450 kcal

Ingredientes

Para la masa

  • 190 g de harina de trigo de todo uso
  • 240 ml de leche entera
  • 60 ml de agua
  • 2 huevos
  • 28 g de mantequilla sin sal
  • 25 g de azúcar
  • 1/2 cucharadita de polvo para hornear
  • 1/4 cucharadita de sal
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla
  • 1 cucharadita de ralladura de naranja (opcional)

Para freír

  • Aceite vegetal, cantidad suficiente

Para la cobertura

  • 150 g de azúcar
  • 1 cucharadita de canela molida

Como hacer buñuelos de viento mexicanos

  1. Mezclar los ingredientes secos: Tamiza la harina de trigo y el polvo para hornear en un recipiente amplio. Añade el azúcar y la sal, y mezcla bien para distribuir los ingredientes de manera uniforme y evitar que se formen grumos al incorporar los líquidos.
  2. Preparar la masa: En otro recipiente, bate los huevos con la leche, el agua, la mantequilla previamente derretida y ligeramente enfriada, y el extracto de vainilla. Si deseas un toque cítrico, incorpora también la ralladura fina de naranja. Añade poco a poco los ingredientes secos mientras bates con unas varillas hasta conseguir una masa fina, fluida y sin grumos, similar a una mezcla ligera para crepes.
  3. Dejar reposar la masa: Cubre el recipiente y deja reposar la masa durante 20–30 minutos a temperatura ambiente. Antes de empezar a freír, remueve suavemente para recuperar una consistencia homogénea. Si la mezcla se ha espesado demasiado, añade un poco de leche hasta que vuelva a estar fluida, ya que una masa demasiado espesa puede producir buñuelos gruesos y menos crujientes.
  4. Calentar el aceite y el molde: Vierte suficiente aceite vegetal en una sartén profunda para que los buñuelos puedan freírse sin tocar el fondo. Caliéntalo a unos 175 °C y sumerge el molde metálico para buñuelos de viento durante 30–60 segundos, hasta que esté bien caliente. Mantener el molde caliente es fundamental para que la masa se adhiera correctamente y se desprenda después de freírla.
  5. Sumergir el molde en la masa: Retira el molde del aceite y deja escurrir el exceso. Si tiene demasiado aceite, toca ligeramente su superficie exterior con papel absorbente, procurando que siga caliente. Introduce el molde en la masa hasta cubrir aproximadamente tres cuartas partes de su altura, sin que la mezcla llegue al borde superior. Este detalle es esencial para evitar que la masa cubra por completo el molde y el buñuelo quede atrapado al freírse.
  6. Freír los buñuelos de viento: Pasa inmediatamente el molde cubierto de masa al aceite caliente y mantenlo sumergido durante unos segundos. Cuando la masa comience a cuajarse, mueve suavemente el molde hacia arriba y hacia abajo para ayudar a que el buñuelo se desprenda. Si no se suelta por sí solo, utiliza un tenedor o un palillo para separarlo con cuidado. Fríe cada pieza hasta que esté dorada y crujiente por ambos lados, dándole la vuelta cuando sea necesario. Vigila la temperatura del aceite durante todo el proceso, ya que si está demasiado caliente los buñuelos se dorarán antes de tiempo, mientras que si está demasiado frío absorberán más grasa. Entre una pieza y otra, vuelve a calentar el molde en el aceite antes de sumergirlo en la masa.
  7. Escurrir los buñuelos: Retira los buñuelos con una espumadera y colócalos sobre una rejilla o una bandeja con papel absorbente. Déjalos escurrir con la parte hueca hacia abajo para evitar que el aceite quede acumulado en los pliegues. Manipúlalos con cuidado, ya que su estructura fina los hace delicados y pueden romperse fácilmente.
  8. Preparar la cobertura de azúcar y canela: Mezcla el azúcar con la canela molida en un plato amplio. Mientras los buñuelos todavía estén tibios, pásalos cuidadosamente por la mezcla para cubrir ambas caras. El calor residual ayudará a que el azúcar se adhiera mejor. Si prefieres una cobertura más sencilla, puedes utilizar solamente azúcar granulada.
  9. Servir los buñuelos: Coloca los buñuelos en una fuente y deja que terminen de enfriarse para que conserven su textura crujiente. Sírvelos solos o acompañados de chocolate caliente, atole o ponche mexicano. Para disfrutarlos en su mejor punto, consúmelos preferiblemente el mismo día y guárdalos, una vez fríos, en un recipiente hermético a temperatura ambiente para protegerlos de la humedad.

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